ETERNO AMOR
No quiero besar tu frente
con mi labio ensangrentado…
no pueden mirar mis ojos,
mojados por ti en el llanto…
ni siquiera puedo hablarte,
acariciarte, abrazarte…
mi dulce niña
tu padre
fue vejado, torturado.
El frío invierno de esta celda
en mis huesos se ha anidado…
la bestia brutal, cobarde,
con mi carne se ha ensañado…
cuchillos negros penetran
cada poro de mi cuerpo…
ya no tengo dientes,
ni uñas,
ni cabello: escaparon.
Yo te amo , mi fiel refugio,
y, aunque ausente, no he olvidado
el calor de tu inocencia,
tu cara, tu voz, tus manos.
Tus pies, ternura viajera,
tus sueños esperanzados,
tus besos en mi mejilla,
por sorpresa, inesperados.
Recuerdo que preguntabas
cuánto tiempo habian pasado,
de aroma, locura y fuego
tus padres cuando pensaron
declarar su amor al mundo,
en todo tiempo y espacio
y hacerte poquito a poco
entre brisas y geranios.
Pues bien, mi preciosa nena,
desafío, bello desvelo,
tu vienes en mi memoria
ahora que beso el cemento.
Hijita digna y valiente,
mi regalo del Amor,
tu padre no se vendió,
ni rindió,
no me arrepiento.
La Primavera que viene
con su sol te alumbrará,
en sus lagos y arcoiris
tu feliz navegarás.
Verás que el Amor eterno,
mÍo y de tantos compañeros,
cosechan el porvenir
de nuestro mas dulce anhelo.
Verás que es un mundo nuevo,
que en su intensa luz yo vuelvo.
Hijita, no olvides nunca:
¡SE FELIZ, LO MERECEMOS!
Letra y música: Cayo Vicente.